Cuanta libertad,
En segundos de una pasión ajena.
Concreto sonrisa con maldad
Pero fue su silencio
Una gloriosa duna
Que me convenció
En sus escritos de cuna
Mis juguetes bélicos
Convirtió en mágicas plumas
Fueron mis alas de abanico
Ataduras rotas en la lluvia
Entre los rayos del sol
Me canto para volar
Con destino su corazón
Deje de llorar
Tu corazón era como Venus
Atrapado en la noche
Esperándome en medio del sendero
Cercado por estrellas
Que vuelven a decirme
¡Pronto te veré!